Casos de estudio

El test del dibujo del reloj: métodos de evaluación cuantitativos y cualitativos [REV NEUROL 1998;27:55-59] –

LEER ARTÍCULO COMPLETO: http://www.neurologia.com/pdf/web/27155/f1550055.pdf

Introducción. El interés que suscita el test del dibujo del reloj (TDR) viene dado por la importancia que adquieren los trastornos práxicos y, entre ellos, las apraxias constructivas en pacientes con demencia. Generalmente este tipo de déficit o pérdidas intelectuales ha sido menos estudiado que las afasias y agnosias; a pesar de ello las praxias suelen verse afectadas en los procesos demenciales, incluso en los estadios iniciales. Objetivo. Intentamos determinar si el TDR puede resultar de utilidad como test de despistaje para la demencia. Asimismo, hemos utilizado dos sistemas de evaluación del dibujo del reloj con el fin de seleccionar un método de corrección útil y fiable. Pacientes y métodos. La muestra está formada por 35 sujetos mayores de 60 años a quienes se les aplicó el mini-examen cognoscitivo (MEC) y el TDR. Se incluyeron pacientes con diagnóstico previo de demencia, otros con patología física sin afectación neurológica y finalmente sujetos sin ningún tipo de patología para obtener un rango amplio de puntuaciones. Se ha llevado a cabo el análisis de fiabilidad entre evaluadores y de la validez discriminante del TDR respecto al MEC. Resultados. Obtenemos coeficientes de fiabilidad interevaluadores elevados. Los criterios cuantitativos de ambas escalas de evaluación son más objetivos que los cualitativos, por consiguiente, estos últimos requieren una mayor operativización. Conclusiones. Los resultados obtenidos sugieren que el dibujo del reloj permite una valoración rápida de la función cognitiva así como de la presencia de deterioro cognitivo.

Cartas de Republicanos exiliados en México

carta

La misiva forma parte de las más de 7.000 solicitudes deabanderarepublicasilo de republicanos españoles dirigidas al Gobierno de Lázaro Cárdenas que ha custodiado, prácticamente inéditas durante décadas, el Acervo Histórico Diplomático en la capital mexicana y a las que ha tenido acceso EL PAÍS.

Fructuoso Salvoch, fallecido en 1993, nunca volvió a ver su carta, pero ahora su hijo, aquel Manolín convertido a sus 79 años en don Manuel, presidente hasta hace cuatro meses del Colegio de Ingenieros Civiles de México, examina con emoción una copia del documento y evoca la odisea que llevó a su padre desde las costas de Argelia a las del Caribe.

Mi padre me hizo prometer que nunca sería aviador

Como en la película Casablanca, Fructuoso atravesó el desierto y llegó a la ciudad marroquí del mismo nombre. Allí pudo tomar un barco en el que cientos de judíos huían hacia América. Recaló primero en Cuba y finalmente pudo asentarse en México, a donde llegó en junio de 1942 y donde le esperaba su cuñado. “Mi padre no tenía convicciones políticas. Simplemente creyó que debía ser fiel a la República”, explica don Manuel. Con él apenas habló de la guerra: “Cuando pudimos reunirnos en México, yo asistía a las reuniones con otros aviadores, pero no me dejaba participar”. En América se reunió con su esposa, Amparo, y emprendió junto a ella diversos negocios, desde la venta de seguros a una juguetería pero no pensó en volver a volar. “El aparato que pilotaba fue derribado en una ocasión”, recuerda Manuel, “y él me hizo prometer que nunca sería aviador”.

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